Frase

"El problema de la historia es la historia del problema."
- Hegel

domingo, 17 de junio de 2012

Analizando a "La Colonización de lo imaginario".


Texto escrito para analizar la obra "La Colonización de lo imaginario" de Serge Grunzinski. En donde se pantea la prentuta ¿el libro de Gruzinski puede ser considerado un trabajo de historia de las mentalidades"

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La colonización de lo imaginario, de Serge Gruzinski : un análisis de Mentalidades y Representaciones sociales.
Martín Correa Arce.

Fue en Francia, durante la década de 1920 en donde surge la “historia de las mentalidades”; pues es en dicha conjunción de temporalidad/espacialidad en la cual Lucien Febvre y March Bloch construyeron la “Nueva historia”. Ni la fecha ni el lugar fueron coincidencia, ya que durante el siglo XIX la corriente positivista hubo llevado los paradigmas para la construcción del conocimiento válido hasta posiciones que resultaban no sólo indefendibles, sino insufribles. En Francia el positivismo alcanzó una influencia sumamente notable, especialmente en las humanidades y ciencias sociales, y con el fin de la primera guerra mundial, fue más que evidente la necesidad de interpretar la realidad desde otras perspectivas – la ruptura era inminente.

Fundamentándose en sus profesores de lingüística, psicología, sociología y geografía; estos hombres iniciaron una creación de conocimiento histórico que no se centrase en los “tambores y trompetas”, sino que pusiese énfasis en las estructuras cognoscitivas, perceptivas e interpretativas de los sujetos de estudio. Es en dicho contexto en el cual la historia de las mentalidades emerge.

Las décadas transcurrieron, y junto con ellas lo hicieron también las generaciones de Annales; cada generación aportando algún punto de vista novedoso, sin perder de vista la finalidad, utilizar las disciplinas posibles para formar un panorama amplio y profundo de las sociedades. En este ámbito, pocos conceptos tan vagos, aglutinantes, útiles y fascinantes, como el de las mentalidades.

Cuando se realiza un estudio de las mentalidades, se está aproximando a la estructura mental del sujeto; dicho de otra forma, a la manera de pensar, y lo que se halla detrás de esta. Esto es, encontrar la causalidad de la estructura cognoscitiva y del pensamiento mismo.

Realizar historia de las mentalidades no es algo sencillo, el historiador requiere de diversas herramientas, las cuales no son propias de su disciplina, por lo cual debe realizar una incursión a campo ajeno. No obstante dichos esfuerzos son bien remunerados cuando culminan. Esto se debe a la riqueza documental que dichas investigaciones aportan a la comprensión histórica, pues ¿qué puede tener mayor relevancia para comprender un proceso histórico, que el tener una idea cercana a la realidad acerca de la manera en la cual los actores concebían el contexto y su devenir?.

Fue así como dio inicio una revolución historiográfica que fue abarcando diversos campos de la historia, medieval, económica, renacentista, gastronómica, estética, urbana, cotidiana, griega, romana, etc. Un marco de estudio al que le hubiese sido imposible escapar de esta revolución es el de la historia de la conquista de América.

En dicho marco muchos estudios se han realizado, allí podemos ubicar a la obra del francés Serge Gruzinski, quién no sólo teorizó al respecto de las mentalidades, sino que trabajó construyendo un conocimiento histórico que las tomase en cuenta al grado de guiar o proporcionar todo sentido a su investigación.

En su libro titulado La colonización de lo imaginario Sociedades indígenas y occidentalización en el México español. Siglos XVI XVIII; recurre precisamente a las mentalidades, no como un concepto útil para desarrollar o guiar su investigación, sino como núcleo central y razón de ser de la misma.

Para escribir la obra, Gruzinski toma la temporalidad descrita en el nombre de su libro, aunque es cierto que realiza algunas menciones a códices más antiguos, no es necesario que él ahonde en ellos, puesto que la estructura mental con la que estos es elaborada así como el imaginario empleado permanecen intactos en los primeros años posteriores a la conquista.

Si bien la sola llegada de los españoles a las costas mesoamericanas constituye un gran cambio al imaginario indígena, es un cambio de carácter aditivo más que estructural. El imaginario se expande para integrar barcos, acero, barbas, arcabuces; pero dichas aportaciones no reemplazan la iconografía existente, y de manera más importe, dejan sin modificación a la estructura cognoscitiva, perceptiva e interpretativa. Esto es, los indígenas perciben y comprenden a todas las imágenes nueves desde su perspectiva autóctona.

Gruzinski se acerca a la mentalidad prehispánica por medio de los códices, y a mi parecer no pudo encontrar una manera más adecuada para internarse en ellas. De por sí el arte es un reflejo de su contexto de producción, autor, sociedad y tiempo salen a la luz en los trazos de la pintura; sin embargo los códices no eran “pinturas” en el sentido occidental del concepto; lo eran sólo en cuanto que para su elaboración se recurría a pinceles y tinta para plasmar imágenes.

Mas el concepto de “códice” como lo comprendían los nativos es algo que se encuentra fuera de nuestro imaginario, ni posee un equivalente directo. El códice narra y describe, pero también otorga y forja identidad; lo más importante es quizá, el hecho de que códices están interpretando una realidad y reflejando una cosmovisión; son filosofía, religión, misticismo y vida.

El problema es que los conceptos a los que acabo de hacer referencia son occidentales, y de la misma forma en que occidente carece del “códice”, Mesoamérica carecía de ellos, sin embargo podríamos decir para cuestiones de comprensión, que la conjunción de ellos (y arte) tienen como resultado a los códices; tomando en cuenta que la suma de las partes, en ciencias sociales y humanidades, nunca es igual al producto.



La pregunta de investigación empleada por el autor me parece sumamente intrigante y oportuna, ¿cómo se dio el cambio del códice al libro?, ¿qué implicó el precitado cambio?.

Y es que evidentemente no se trata de una cuestión estética. El códice es una narración descriptiva por medio de imágenes en un plano bidimensional y carente de perspectiva (entendida como el concepto artístico de profundidad) de una realidad. Mientras que la escritura europea realiza una descripción no visual, en un plano unidimensional – horizontal; las letras obligan al lector a crear su propia imagen mental sin guías ni pautas.

En cuanto a especificidad y detalle de descripción, ninguna de ellas posee más que la otra, pero si la tienen en parámetros muy diferentes, pues corresponden a imaginarios y mentalidades distintas; es por ello que el paso de una a la otra implicó necesariamente una transformación en el imaginario y posteriormente en la mentalidad.

Serge, primero nos describe la yuxtaposición que se plasmó en los códices elaborados una o dos décadas posteriores a la toma de Tenochtitlán; fenómeno que consiste en una apertura del imaginario indígena para incorporar lo europeo. Se puede observar, no obstante, que la mentalidad nativa no ha cambiado. Esto se vislumbra en la manera por la cual los tlacuilo acomodaban los glifos en el códice; esto era sin seguir los cánones de estética u orientación europeos. Estilización, distribución, estética e interpretación continúan siendo autóctonos, las imágenes de origen europeo se encuentran, pero bajo los estándares indígenas.

Sin embargo la introducción del alfabeto se da periódicamente, primero a manera de nombres, posteriormente indicaciones, para ser proseguidas por descripciones; el incremento de la presencia literaria fue inversamente proporcional a la disminución de la especificidad en los glifos y a una degradación en técnica, estilo y fondo.

El proceso fue complejo, la explicación de él no lo es. La mentalidad autóctona fue aplastada y reemplazada por la occidental. Un cambio en la distribución del espacio en un códice, significa que el tlacuilo percibía e interpretaba. el mundo de una manera distinta, la perspectiva indígena se difuminaba hasta desvanecerse con el paso de las décadas.

Las mentalidades se forjan en una temporalidad de “Larga duración” (concepto aportado por Annales), temporalidad que no se dio en el contacto América/Europa; el choque fue rápido, por lo que no se distingue en la primera centuria de conquista un producto nuevo, que surja como la síntesis de ambas mentalidades. Lo que se observa es la mezcla ecléctica y heterogénea utilizando ambos imaginarios, en donde posteriormente uno va cediendo y es reemplazado por os conceptos, interpretaciones y estándares propios del otro.
¿La Colonización de lo Imaginario, es historia de las mentalidades? Me parece que la respuesta es evidente, y ella es afirmativa. Entendemos por historia a: La construcción mental elaborada con los sucesos del pasado. La historia no es un hecho (o muchos), tampoco es un acontecimiento; hacer historia es construir un proceso ubicado en una temporalidad, espacialidad y dotarlo de significado.

No es necesario debatir cuestiones de técnica y método, son estos residuos de una mentalidad positivista y rankeana. Si bien son herramientas para la construcción de la historia, son medios, y nunca se debe permitir que el medio se convierta en fin. No pretendo decir que el empleo de los anteriores es indiferente, pero sí afirmo que no existe una pauta discursiva válida para otorgar legitimidad al conocimiento histórico; esto no quiere decir que el producto del quehacer histórico se encuentra exento de juicios, por el contrario, lo que determina si método y técnica empleados fueron adecuados es la calidad del producto. Como dijo Marrou, hay historias buenas e historias malas (refiriéndose a la calidad).

¿Pretendo con lo anterior decir que cualquiera puede hacer historia? Así es, y de hecho sucede de manera cotidiana; no obstante, no despojo al historiador de su utilidad, puesto que él posee una conciencia histórica y una formación crítica que le permiten realizar historia  sin perder de vista puntos importantes. Al final, todo recaerá en la calidad del producto, y ciertamente, no cualquiera (y de hecho son pocos) los que son poseedores de la capacidad para crear historia abundante en calidad y rica en substancia.

La historia de Gruzinski cuenta con ambas, la aportación a la comprensión de un proceso histórico que su obra aporta es magnífica. Logra situar, documentar y explicar la transformación de las estructuras mentales autóctonas . El autor transmite de manera magistral la relevancia de comprender a su objeto de estudio, y a partir de ello crea en el lector una conciencia histórica y cognoscitiva; puesto que logra enfocar la atención a las maneras por las cuales se dan los cambios en el imaginario, y como estos influyen en la trasformación de las mentalidades, o más bien, a la transición intermentalidades.

Y no deja atrás a los métodos y técnicas propias de la historia, de hecho realiza una muy sólida critica historiográfica a sus fuentes, algo vital para brindar veracidad y calidad a la historia. Toma en cuenta los contextos históricos del contexto estudiado, así como del que influyó externa, pero directamente – el español.

Por lo anterior, puedo situar la historia sobre el paso de la pictografía a la escritura alfabética, como una obra de historia de las mentalidades en todo el sentido del concepto, puesto que posee dicha intencionalidad, y utiliza las herramientas críticas de la historia para lograr un acercamiento fundamentado al proceso de cambio en la metafísica de una sociedad y su impacto en el contexto material y las producciones de ella.

miércoles, 6 de junio de 2012

Análisis de Los Pueblos de La Sierra


Los Pueblos de la Sierra, espacio y poder en los pueblos coloniales hasta 1700.

En el presente trabajo, realizado como parte de la evaluación final en la materia Nueva España en los siglos XVI y XVII, se realiza un breve análisis acerca del libro de Bernanrdo García Martínez; en donde se explicará brevemente el proceso de transformación que padecieron los altepeme prehispánicos para transformarse en los “pueblos” coloniales. Estudiar dicha transformación me parece vital para poder comprender el contexto de muchos de los problemas que se desarrollarían en territorio mexicano desde el siglo XVIII hasta el XX.

García Martínez eligió para su estudio la región conocida como La sierra, ubicada al norte del estado de Puebla. Pienso que el territorio en cuestión es perfecto para la clase de investigación que realiza, puesto que sus límites geográficos son fácilmente identificables, y las fronteras naturales de La sierra coinciden en enmarcar un área cultural estudiable como unidad. Ello no quiere decir que el territorio correspondiese a una sola cultura, pues no era el caso; pero me parece que existió un vínculo que se formó entre totonacos, nahuas y olmecas de la zona ante una serie de problemáticas similares.

Al comenzar somos transportados a La sierra prehispánica, y allí el autor plantea una problema de interpretación histórica y de adaptación del Discurso, alrededor del concepto nuclear en la organización del espacio de poder en Mesoamérica, el altepetl. ¿Qué es un altepetl? Ha sido complicado para los occidentales construir una percepción completa de la organización social, puesto que comprender dicho concepto ha sido un reto. Se le ha intentado definir o comparar con diversos grupos e instituciones, sin mucho éxito. Me parece evidente que el concepto no debe de ser traducido y menos explicado bajo el paradigma de la comparación con lo socialmente aceptado; el autor de cierta manera indica lo mismo, más deja claro que los españoles no pensaron igual, por el contrario, señalaron y nombraron todo lo que encontraron en América ¿a qué se debió eso? Pienso que nos lleva al postulado de Foucault acerca de nombrar y etiquetar como un medio del discurso para vigilar y controlar de una manera más efectiva.

Las estructuras que imperan buscarán siempre ejercer el poder y desde allí perpetuar su ejercicio, para lograr ello, los españoles a través de acciones políticas transformaron los significados de la organización autóctona para que encajase tanto a su imaginario como a su discurso, y al paso de las décadas cuestiones como las jerarquías sociales indígenas, el significado de las relaciones, la interacción con el tiempo y espacio, así como la concepción misma de “colectividad” habrían cambiado para siempre.

Para convertir a los indígenas en humanos que viviesen “en policía” (de acuerdo al racionalismo renacentista) la corona impulsó a las congregaciones de nativos; eso implicó la fundación de pequeños núcleos urbanos (lo que ahora se conoce como “pueblo”) que fueron habitados por indígenas. Las congregaciones pequeñas estuvieron sujetas a una cabecera, en donde se centralizaban los dos poderes, civil y eclesiástico. Este nuevo sistema surgía del deseo español de tener a los nativos bajo mayor vigilancia, volver más eficiente la recaudación tributaria y reemplazar los esquemas de las mentalidades indígenas.

Antes de la centralización los indígenas no habitaban núcleos urbanos, sino que sus casas se encontraban dispersas por todo el territorio del Altepetl. Además de que no existía un lugar en donde se concentraran los poderes del Tlahtoque, pues no se requería de la legitimidad que a los españoles otorgaban los cabildos; los poderes se encontraban en el lugar donde se hallase el tlahtoque, él mismo poseía la legitimidad, la cual era tanto política como religiosa. Por lo anterior, la congregación de nativos tuvo efectos sólidos en cambiar la cosmovisión indígena, pues sus concepciones de espacialidad y temporalidad estaban circunscritas a la manera en la que su sociedad se organizaba.

Retomando el punto de los poderes políticos y religiosos, en Mesoamérica no existía una separación de poderes como se vivía en Europa, la vida indígena encarnaba la unión de todo en la vida, todo poseía significados rituales o religiosos, desde las actividades domésticas hasta la militares. De tal forma que comprender la vida “en policía” como una dividida entre la obediencia al Estado y a la iglesia como dos cuestiones distintas se presentó como una dificultad para los indígenas de La sierra, quienes a veces en protesta contra medidas de orden jurídico tomaban acción en contra de la iglesia, pues era evidente que ambos eran figuras de autoridad a quienes debían someterse, pero no así lo era su separación.

Sólo el paso de décadas de vida cotidiana van forjando nuevas identidades y significantes, para posteriormente cambiar la cosmovisión del pueblo. La simbología juega un papel importante en la reasignación de significados, y me parece que el hecho de que las Cajas de Comunidad (en las que se guardaba el dinero y objetos de valor del ayuntamiento) tuviese tres candados, con tres llaves, repartidas entre Cacique, Gobernador y Sacerdote, remarcaba la visión española de la división de poderes, se la ejemplificaba a los nativos. Fueron este tipo de cuestiones las que influyeron en las personas para lograr una comprensión del mundo que se estaba forjando en La Sierra, y al que los indígenas se iban a tener que adaptar.

Los Caciques obtuvieron una de las llaves de los cofres, pues en su discurso la corona española defendía la legitimidad de “los señores naturales”, quienes oficialmente seguían siendo los dirigentes de sus pueblos, los cuales estaban sujetos a vasallaje con la corona; así fue como el sistema de vasallos fue en un principio importado a Mesoamérica. En la práctica, no obstante, las políticas fueron otras; la corona desmanteló todo el sistema prehispánico, y edifico algo nuevo y distinto a lo que existía en el viejo continente.

Los caciques mantuvieron su estatus de “principales”, y en teoría a ellos correspondía cierta autoridad y control sobre algunos asuntos jurídicos en el ayuntamiento. En la práctica el cargo de Gobernador obtuvo las funciones de regidor de la comunidad, con un poder que recibía su legitimidad no por “derecho natural” sino por el cabildo, lo cual quería decir que recibía su poder del rey.

Otra estrategia utilizada por España para restar poder al cacique fue el de la banalización del puesto. En tiempos prehispánicos existía sólo un tlahtoque por altepetl, mientras que durante la colonia se le otorgó el título de cacique a los “principales” de los ayuntamientos y congregaciones, de tal forma que se tienen registros de varios caciques ostentando el título de manera simultanea en el mismo espacio, a veces formaban parte de una familia, pero en otras ocasiones eran de familias distintas. Al existir varios caciques por ayuntamiento, se restó la influencia que cada uno poseía de manera individual, además de que lógicamente causó tensiones y problemas entre ellos, quienes deseaban tener mayor importancia que los demás. Puedo afirmar que la corona utilizó la táctica de promover la fragmentación y el surgimiento de facciones entre la nobleza indígena para crear disputas locales, las cuales consecuentemente los debilitarían, y en las que la corona representada por el poder judicial entraría como el árbitro y por lo tanto ejercedora del verdadero y legítimo poder.

Pero el debilitamiento del puesto de cacique no sólo fue causada por la corona de manera directa, también se dio indirectamente debido a la ignorancia de los visitadores sobre el mundo indígena. Los Caciques recibían tributo en especie de sus indios, el cual fue reemplazado por un sueldo; ellos utilizaban el tributo recibido para organizar las fiestas del altepetl, así que cuando el tributo se cambió a dinero, una gran parte de éste se utilizaba para dicha función. Cuando los visitadores fueron a los altepemes y vieron que los Caciques organizaban grandes “borracheras”, dedujeron que recibían un sueldo muy elevado, y que por ello lo despilfarraban en financiar “fiestas y borracheras”; por lo que solicitaron que se les disminuyese a los caciques su nivel de ingresos.

De esa forma los caciques se vieron imposibilitaos a continuar organizando las celebraciones; el problema residía en que precisamente la organización y celebración de fiestas era no sólo una responsabilidad del tlahtoque, sino que le otorgaba legitimidad. Así que al verse sin la capacidad de cumplir con una de sus funciones importantes, perdieron frente a sus indígenas a legalidad, por consiguiente su poder; volviéndose cada vez más debilitado, pues se convirtió en algo que con el tiempo se tornaba más anacrónico y que había perdido su sus significados de antaño, y cuando eso sucede con tradiciones o costumbres, o evolucionan o desaparecen.

Como ya mencioné, era el cabildo lo que legitimaba al poder, por lo tanto surgieron disputas entre los pueblos por poseer un cabildo propio y poder centralizar. Las cabeceras de los ayuntamientos tenían congregaciones bajo su tutela jurídica; pero llegado el momento, estas congregaciones buscaron centralizar su propio poder y a su vez tener congregaciones menores subordinadas a ellas. García Martínez señala lo peculiar de esa tendencia, pues no correspondía a la tradición prehispánica, ya que los altepeme no poseían dicha centralización de funciones.

Aún que no existe una explicación sólida a la importancia que la centralización se volvió para los indígenas, la explicación puede encontrarse en que los españoles no sólo trastocaron el mundo de La Sierra, sino que modificaron toda la cosmovisión y el imaginario por completo, de tal forma que fue necesario para los indígenas hallar nuevos ídolos (no en el sentido religioso, sino en el nietzscheano) los cuales otorgan coherencia y propósitos.

Una de las cuestiones que impactó de manera inmensurable fue la crisis demográfica, de tal forma que los indígenas se volvieron muy sensibles a los cambios en la densidad demográfica, y tanto un descenso como un aumento acarreaban consecuencias que podían ser negativas. Mientras el descenso lógicamente acarreaba la disfuncionalidad del sistema y perdida de efectividad, el aumento hacía que el núcleo en cuestión obtuviese un poder que invariablemente acarreaba tensiones y conflictos con la cabecera del ayuntamiento; o en caso de ser la cabecera la que aumentase, con los ayuntamientos vecinos. La búsqueda por la centralidad se canalizaba a través de la religión, pues cuando un pueblo aumentaba demográficamente, de manera consecuente aumentaba en número de miembros adheridos a su iglesia, de tal forma que alrededor de sus celebración patronal se formaban relaciones económicas y financieras que aumentaban el poder e importancia del pueblo, hasta que llegase el momento en el que decidiese declararse independiente de su cabecera y obtener un cabildo propio.

La magnitud del trabajo en archivos que realizó Bernardo García fue monumental, tomando en cuenta que requería mucho trabajo al paleografear documentos de los siglos XVI y XVII; (tarea nada sencilla) pero ello le permitió reconstruir de manera bastante completa los cambios en la organización y el mundo indígena a raíz del arribo europeo, e identificar y explicar los procesos que transformaron a las sociedades y edificaron un nuevo imaginario y otra cosmovisión en La Sierra.

A través de la lectura de la obra, pude comprender que los pueblos o comunidades rurales mexicanas son algo completamente distinto a lo que existía en la prehispaneidad. Las estructuras sociales autóctonas fueron desbaratadas por la iglesia y la corona, que introdujeron sus propias estructuras; más estas no pudieron ser instauradas en el territorio por existir una cultura previa, y se edificó algo nuevo. Yo no considero que el cambio de la vida en los altepeme a la de los ayuntamientos corresponda a un proceso de continuidad, más bien constituye el ejemplo perfecto al fenómeno de las discontinuidades discursivas del que Foucault habla en El Orden del Discurso; hubo una segmentación en el mundo indígena, y allí se introdujo el discurso español, de la síntesis de ambos surgió un proceso de cambio, del cual los resultados fueron las identidades de los pueblos coloniales.

Así surgieron en el espacio de La Sierra pueblos que realizaron un ejercicio de conciencia para formar su identidad interna y externa, entidades con su propio sistema estatal y una cosmovisión única, o como interpretaría Hegel, pueblos con historia.

jueves, 29 de marzo de 2012

Bernal Díaz del Castillo en la historiografía colonial.

Bernal Díaz del Castillo en la historiografía colonial.

El presente trabajo constituye un breve análisis historiográfico centrado en algunos aspectos de Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo. En ella abordo el horizonte de enunciación del autor, su intencionalidad, ideología y cosmovisión; así como la cuestión de sus fuentes, el estilo de su obra y el contexto de ella; además de resaltar dos aspectos encontrados en su obra: el origen del conflicto contra los tenochas, y la visión política de Bernal.

Bernal Díaz del Castillo nació en Castilla alrededor del año 1496. La infancia de Bernal se vio influenciada por cambios rápidos que estaban viviendo las coronas hispanas, reconquista y formación del estado nacional, persecución a judíos, islámicos y herejes, así como el gran empuje hacia el Atlántico del que fue testigo la península Ibérica a principios del siglo XVI.

Es cierto que todo periodo histórico es testigo de cambios tanto superficiales (y de acontecimientos) como profundos (en el ámbito del imaginario y las mentalidades); sin embargo el siglo XVI aporta importantes cuestiones al imaginario europeo. Por un lado la ecúmene se expande, en ella aparecen hombres que se encontraban fuera del imaginario religioso, lo cual propició acalorados debates teológicos. América exportó numerosos productos los cuales fueron acogidos con prontitud en Europa, y elevó los ingresos de la corona castellana, por lo que se dio la posibilidad de contar con ejércitos numerosos y acercarse al concepto de “guerra total”.

Bernal Díaz fue un hombre nacido en un momento en el cual grandes cambios ocurrían y aún se avecinaban en Europa; sin embargo la península Ibérica se vio al margen de varios de dichos sucesos, como el cisma protestante, el cual sí tuvo repercusiones en ella, pero no al grado de fraccionar la religión en la península. De esta manera, nuestro autor poseía y defendía con gran vehemencia su fe católica, la cual se encontraba en plena altanería, pues el teleos de la cruz triunfaba en España sobre la media luna y la estrella de seis puntas. Como habría de esperarse, Bernal juzgó todo lo que vio en América desde la perspectiva católica; sin embargo, al haberse encontrado ya en América cuando estalló la reforma, y al haber pasado el resto de su vida en dicho continente (con excepción de dos travesías a España), Bernal no manifestó en su texto el espíritu de lucha contra las ideas de Lutero, que habría de caracterizar al imaginario hispano-católico a lo largo del siglo XVI y XVII.

En otros aspectos, España estuvo más adelantada que otros reinos europeos, tal es el caso de la formación de su estado; Bernal vivió el reinado de Carlos I, y escribió durante el de Felipe II, monarcas que destacaron la imagen del poder individual frente al de las Cortes y consolidaron un estado más moderno (burocrático, administrativo y asalariado). La influencia de padre e hijo Habsburgo se reflejó en la imagen individual de estatus, poder y relevancia con que el autor plasma a la figura monárquica.

La visión medieval de “comunidad” y el sentimiento de pertenencia a un grupo, me parece que se encuentra muy presente en Bernal, puesto que en su crónica resalta el papel que tuvo en ejército en su conjunto, y no como individuos, restándole importancia al papel de Cortés, y aumentándosela a él y los suyos. En este punto existen discrepancias en cuanto a la veracidad del esquema presentado por nuestro cronista. Mientras que Ramón Iglesia afirma que Bernal presenta una visión errónea de Cortés, en la cual el extremeño queda minimizado de manera deliberada, para que el autor de la Historia Verdadera crezca, esto según Iglesia, debido al resentimiento de Bernal hacia Cortés debido a que Castillo consideró que el capitán había recibido mucho y les dio poco a sus hombres. Por el otro lado Howden Smith considera que el autor describe correctamente la “democracia militar” que existió en la conquista de América.

En lo personal difiero con Ramón Iglesia, quien citando su experiencia en la guerra civil española, sostiene que un ejército no puede ser exitoso si se apoya en la democracia, y requiere de un líder individual y fuerte, por lo que Cortés no consultaría ni tomaría en cuenta de una manera tan grande a sus soldados. Me parece que Iglesia se olvida de la latente posibilidad de un motín entre las tropas, especialmente si se sentían guiados de manera despótica dentro de territorios desconocidos y rodeados de guerreros enemigos, el efecto en la moral era ya apabullante como para que obedezcan órdenes imperantes provenientes de un individuo. El motín era algo muy común en los ejércitos europeos, y Cortés lo sabía a la perfección. De allí, que a pesar de que la amargura hacia Cortés es visible en muchos pasajes de la Historia Verdadera, me parece mucho más plausible que las decisiones fuesen tomadas en consejo, que de manera individual.

Es así como Bernal posee a mi parecer, una manera mezclada de entender la política. Por un lado, admite la existencia de autoridades incuestionables y supremas, Carlos I y Moctezuma, ambos entran en esta categoría. Para Bernal ambos monarcas merecen la obediencia, pues su estatus se encuentra por arriba de los hombres de carne y hueso, pues son poseedores de una sabiduría superior. Si bien él no le presta obediencia a Moctezuma, lo considera un hombre merecedor de un gran respeto por parte de sus súbditos, poseedor de un gran corazón y una bondad casi cristiana. Por el otro lado, resalta de entre los hombres “normales” aquellos que destacan por su hidalguía y valerosidad, entre ellos Cortés, a quien colma de elogios en varias partes de su obra, comparándolo con Julio Cesar, Aníbal y Alejandro Magno. Si bien esos hombres son acreedores de facultades especiales de mando, no se encuentran por encima de la comunidad a la cual dirigen, y para Bernal, más bien pertenecen a ella. Ellos se ven obligados a pactar, escuchar y seguir consejos, poner a votación las mociones, etc. Su función se reduce a ser el rostro público de la comunidad, así como ser un estandarte de moral y rectitud.

Nuestro autor aporta un justo reconocimiento a la importancia de establecer alianzas y pactos de una manera maquiavélica, algo evidente en contextos tan desfavorables como el que les era propio. Pero así como el pragmatismo se observa con facilidad en Bernal, no deja de imperar la moral y ética cristiana idealista, con su precepto de “guerra justa”; puesto que el conquistador narra que en casi todo momento ellos actuaron en defensa propia y porque la situación así lo merecía; actuando siempre de acorde al marco de derecho jurídico o teológico, pero nunca sin “justa y necesaria” razón.

De hecho, en el caso de la matanza en el templo mayor, la cual fue realizada por Alvarado, Bernal menciona que Cortés reprende fuertemente a Alvarado por haber matado a los indígenas sin provocación. Dejando claro que la actitud de dicho conquistador fue errónea. Sin embargo, aún que el mal comportamiento de Pedro precipitó la guerra; en los capítulos anteriores deja claro que los aztecas ya realizaban preparativo para la guerra que seguiría. De tal forma que la actitud de Pedro fue errónea, no obstante ello no influyó en el desenlace porque los indios los iban a atacar de cualquier manera, y ellos se vieron obligados a defenderse de manera “justa”. Para Bernal, la impotencia de ver a su monarca a merced de los conquistadores tuvo un efecto decisivo para que los mexicas iniciasen el conflicto. A pesar de ello, para del Castillo, los españoles no eran responsables de ejercer violencia sobre los indígenas, pues la captura de Moctezuma (y otros acontecimientos políticos que condujeron al estallido de la guerra) fue una decisión grupal, no correspondió a una planeación previa, sino que el camino que los acontecimientos tomaron por sí solos, empujaron a los españoles a actuar de semejante manera. Dicho con otras palabras, era la fortuna o destino (dirigido siempre por dios) así como la agresividad de los mexicas y su negativa a cooperar, los causantes de la guerra. Mientras que los españoles cumplían con su derecho a defenderse ya sea para vivir o morir con hidalguía y honor.

Pues bien, ya que hemos visto lo que Díaz del Castillo plantea, sin duda surge la interrogación ¿porqué lo hizo?, más allá de los errores debidos a una construcción de la memoria alejada a la realidad objetiva (recordemos que los recuerdos se construyen en la memoria de la misma manera en la que la historia se construye en la mente) ¿falseo hechos deliberadamente? ¿qué buscaba?. El autor presenta dos motivos para haber escrito su obra, el primero de ellos es: escribir con toda rectitud la historia para que quede memoria de lo que de verdad pasó. Esta recuerda a la justificación dada por Tucídides en Guerra del Peloponeso, y de hecho es curioso que autodenominándose hombre “de pocas letras” Bernal tenga buenos conocimientos de historia grecolatina (citando a Julio Cesar, Augusto, Aníbal, Escipión, Ulises); la segunda causa es “corregir las burlas que algunos han escrito” acerca de la conquista (refiriéndose a Gómara).

La historia escrita por Gómara es una gesta heroica cuyo protagonista es Cortés, la soldadesca carece de un papel relevante en dicho libro; ello sin duda ofendió a Bernal, quien recordaba los consejos de guerra que celebraban los conquistadores. El autor siente que su comunidad ha sido despojada de la gloria de sus méritos, y se propone a refutarlo, sobre todo en lo referente al mando en el interior del ejército conquistador.

Las encomiendas en Tabasco y Chiapas que Bernal Díaz había recibido le fueron despojadas, es fácil imaginar que sentía él era merecedor de dichas encomiendas, y ya que su viaje a Castilla en 1545 fue infructífero, el realizar una crónica de sus aventuras le permitiría demostrar que él era en efecto merecedor de lo que se le había quitado; ya desde la edad media (Alfonso X) estaban presentes los informes de méritos y servicios de los hidalgos a su monarca con la intención de exigir favores.

Cuando Bernal concluye su obra es ya demasiado viejo para aspirar a recibir favores reales; no obstante deja claro que deseaba que sus hijos recibiesen lo que él había ganado en batallas. Díaz estaba además molesto por la manera en la cual Cortés se llevaba toda la gloria en la historia de Gómara, él no deseaba atacar a Cortés, pero si quería compartir la gloria, en sus palabras “para que haya memorable memoria de mi persona y de los muchos y muy notables servicios que he hecho a dios y su Majestad.” Al no poder mentir afirmando que él tuvo méritos individuales, recurrió a subrayar el papel de la soldadesca en la campaña, y a poner énfasis en las penalidades y temores que enfrentaron los soldados españoles. Por lo anterior me parece que puedo resumir la intencionalidad de Bernal en otorgarle más hidalguía a su apellido, obtener riqueza material para sus descendientes, y alcanzar la posteridad en la memoria.

Para alcanzar una mayor credibilidad entre sus lectores Bernal Díaz recurrió primero a resaltar su hidalguía, nos habló de sus orígenes, de su valerosidad en el combate; pero debido a que su objetivo fu desacreditar a Gómara para que sea la versión de una “conquista democrática” la que perdure y no la de Cortés como héroe; Díaz se dedicase contradecir a Gómara en cada oportunidad, esgrimiendo el argumento de que él estuvo presente, mientras que su rival nunca hubo pisado América. Lo anterior le dio suficiente autoridad como para poder contradecir a Gómara incluso en aspectos en los que ambos concordaban, como en la ocupación de Cingapancinga o la planeación de Cholula, en ambas acusó a su contraparte a mentir abiertamente, aunque sus relatos no fuesen distintos. En dichos momentos, jugó la carta de haber sido testigo ocular y de tener prodigiosa memoria (para demostrarlo llenó su relato de detalles), de tal forma que el lector (quien muy probablemente no tendría ambos relatos al mismo tiempo para comparar) descartase por defecto a Gómara.

Bernal logró su acometido, pues a pesar de que su obra vio la luz sesenta años después de su conclusión, ella fue desplazando paulatinamente a la de Gómara, los lectores fueron prefiriendo al soldado poco letrado, pero presente en la historia. No obstante el medio se convirtió el en fin. Los familiares de Bernal no recibieron la gratificación que él esperaba; si hay algo para Bernal Díaz del Castillo después de tantos siglos, es el reconocimiento y la posteridad, ya que su obra la principal referencia para quien desea aprender acerca de la caída de México Tenochtitlán.

La inserción en el imaginario colectivo de la conquista, lograda por Bernal, ha hecho que más allá de la veracidad de los hechos históricos allí escritos, el libro de Bernal sea en efecto, la verdadera historia de la conquista de la Nueva España.